Estoy en una agencia bancaria en un Centro Comercial del Sur-oeste de la ciudad, llevo el automóvil para mayor seguridad y protección, me estaciono en el sótano, me fijo bien en el número de ubicación. En la taquilla del banco observo al supervisor de las cajeras, tiene la cabeza rapada, hace bromas sobre quién quiere dólares. No me mira, lo veo de reojo, está haciendo bromas con los 600 dólares que pronto me darán. He tenido que imprimir planillas, sacar fotocopias, ir al banco cuatro veces, cinco con esta vez, un verdadero fastidio. El banco se queda vacío de clientes pero mi transacción no avanza, el señor José (el pelón) no le hace caso a la cajera que me atiende, señor José esto no avanza, señor José ¿usted liberó el saldo bloqueado?, nada ni voltea, de pronto voltea mira la pantalla de la computadora sin pestañear y se da vuelta, no oye, no ve, no me gusta esto, pienso... a mi lado un hombre alto, con barriga y bigote se aproxima demasiado, lo miro incómoda, pide disculpas y pasa su brazo a mi alrededor sin tocarme y agarra una planilla. Respiro nerviosa, la transacción se está tardando más de la cuenta. En la taquilla a mi lado le devuelven un cheque a un muchacho con franela azul clarito. Estoy tensa, quiero irme. Firme aquí, ponga su huella, coloque el número de su cédula, luego la cajera anota los seriales de cada billete, trago saliva, el banco se llenó otra vez de gente. Por fin me da los billetes, verifique por favor, verifico sin ver, estoy controlando mis nervios. Coloco los billetes doblados dentro de un bolsito en mi cintura dentro del pantalón, muy rápido, coloco mi cédula de identidad en el monedero en la cartera, muy lento. Veo de reojo a mi alrededor, me quiero ir ya.
Salgo del banco y me dirijo al automercado en el primer piso, subo las escaleras mecánicas, debo comprar algunas cosas que me hacen falta. Entro al automercado, es muy grande y apenas he ido dos veces, no lo conozco pero es muy grande, busco los carritos, que broma están afuera, tengo que devolverme, veo al muchacho de la camisa azul clarita entrando al automercado, veo su mano, trae un papel como los del banco. !Qué casualidad! ¿Me están siguiendo? Avanzo con el carro y veo que el muchacho se queda en el sector de licores, de pronto es mi paranoia, avanzo pero no puedo llegar muy lejos, me devuelvo por el otro pasillo y veo al muchacho hablando con una señora como de 60 años, con zapatos deportivos y ropa varonil, no lleva adornos, collares o prendas. ¿Será la madre? ¿Planifican una fiesta? Están hablando medio escondidos, me parece. Trato de avanzar pero no puedo, mi intuición me dice que pasa algo extraño, algo que no logro saber qué es, me quedo mirando unos potes de vainitas Gigante Verde, comparo precios, estoy dando tiempo a mi intuición mientras vigilo a ver qué sucede, al poco rato sale con paso firme de entre los estantes de licores el muchacho de la franela clarita, se dirige hacia el fondo del automercado, lo miro a la cara, estoy rodeada de gente, miro mi carro de compras coloco la lata de vainitas, levanto la vista y el muchacho ya no está, desapareció en un segundo, qué se hizo. Esto no me gusta, qué se hizo... iba en una dirección y la cambió de repente.
No sé qué hacer, avanzo un poco y me devuelvo por el otro pasillo, ahora hablan con la señora de 60 años dos muchachos, uno con franela de franas verdes y líneas blancas, y otro con una camisa verde aguacate, se ocultan, no puedo verles las caras, ¿me siguen? ¿me quieren atracar? La ropa verde es una señal o algo me pregunto. Trago saliva avanzo dentro del gran supermercado, no sé qué hacer, busco un número en el despacho de las carnes para darme tiempo, van por el 88 y agarro el 21 de la siguiente vuelta, llamo a Carol, mi joven inquilina, le cuento, no sé qué hacer... me dice busca a un vigilante, si quieres voy a buscarte, ella está lejos, debo resolver, no sé cómo demostrar o comunicar lo que sólo mi intuición capta. Doy varias vueltas, ya no puedo ver productos ni precios, qué hago, qué hago. Ahora los dos jóvenes están cerca del despacho de las carnes, no se han ido, ven las bandejas con carnes, los miro para ver si me buscan con la mirada, no lo hacen, pero sospecho de ellos, doy otra vuelta, siguen por el 88, quién está comprando toda la carne, cómo es posible, el tiempo se detuvo para mí, doy otra vuelta, voy llenando el carro de cosas absurdas, levanto la vista, los muchachos de camisas verdes se movieron de lugar, están al otro lado, más cerca, decido ir al dispendio de pescado y tener así oportunidad de pasarles por un lado, observarlos de cerca, me voy hacia el fondo y qué casualidad ellos también van hacia el dispendio de pescado, veo su carrito, solo tienen una bandeja de lagarto con hueso para sopas y una bolsa con casabe, no me parece comida para hombres jóvenes, aumenta mi sospecha, me quedo atrás haciendo que busco algo en mi cartera, dejo que pasen adelante, ahora soy yo la que los sigue, detienen su carro en las mesas donde colocan el pescado, me paro detrás de ellos, dejo el carro, camino rodeándolos, los escucho mientras veo el pescado, comienzan a preguntar cosas como que qué pescado es éste, uno de ellos saca un celular de los nuevos y caros, escribe un rápido mensaje, no parece concentrado, los observo muy seria, muy seria, con molestia, trato de incomodarlos, siguen preguntando, se ríen nerviosamente, sospecho aún más de ellos, el pescadero me ve y pregunta con la mirada qué quiero, me coloco detrás de los muchachos, cruzo mi pie y me recuesto del carro, hago señas de que espero a alguien, los muchachos están incómodos, no van a comprar nada, sólo preguntan por preguntar, el pescadero se muestra impaciente, extrañado, qué pasa, me aferro al celular, los muchachos rien de nuevo y se devuelven, hago que hablo por el celular, digo te espero aqui y ven acompañado... agarro el carrito y me voy por sector de las frutas, quiero irme, me escondo, salgo y los busco con la mirada, dónde están, se devolvieron al fondo del automercado, bajo la mirada, me escondo de nuevo, observo por una rendija, uno de los muchachos ve fijamente hacia la salida, no pueden verme, veo hacia la salida, está libre, la mujer de 60 años no está, suelto el carro lleno de cosas absurdas y necesarias, todo junto, selección producto de mi paranoia, suelto el carro y camino a paso veloz hacia la salida, estoy a punto de estar libre, respiro con fuerza, camino con decisión, el vigilante me ve de arriba a abajo, se extraña de mi paso veloz, lo miro a la cara, aprieto la boca y abro los ojos, no me detenga intento decirle sin palabras, debo irme, no es con usted, no me detiene, mira mi cartera, algo pasa pero no sabe qué, bajo las escaleras mecánicas, me llaman al celular, es Carol estoy saliendo, luego hablamos, camino, corro, pago el estacionamiento, un hombre con camisa verde junto con dos mujeres se paran detrás de mí, la mujer le pregunta si le puede dar la cola hasta Guarenas, el hombre dice que sí, sospecho de todos y todas, me equivoco de nivel, bajo un piso de más, me regaño, pero nadie me sigue, me digo al menos sirve para demostrar que no me siguen, busco mi automovil, una de las mujeres se voltea a verme, sospecho, pero a lo mejor mi actitud es la sospechosa, algo pasa pero no saben qué, ni lo sabran nunca.
miércoles, 13 de agosto de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario